Sus letras, acompañadas de esos guitarrazos y esa actitud, son como observar el paisaje norteamericano de las esquinas, las cafeterías y las estaciones de servicio en las que no repara nadie, al estilo de una cámara contemporánea de Robert Frank

Hay bandas que simbolizan algo casi más poderoso que ellas mismas. Una de ellas es Cracker, la formación estadounidense salida de Ritchmond, en el Estado de Virginia, y liderada por el cantante David Lowery y el guitarrista Johnny Hickman. Como uno de esos emblemas propios de la identidad norteamericana, el grupo representa el arquetipo de banda de rock alternativo al mejor nivel, un combo repleto de sangre yanqui con auténtica actitud de resistencia y lucha. Porque escuchar a Cracker es como conducir por una carretera ancha e infinita con el viento soplando en la dirección correcta y a la búsqueda de una identidad libre de ataduras laborales y quizá alguna estupidez vital. ...

Surgidos en los noventa de las cenizas de Camper Van Beethoven, otro interesantísimo grupo que bien merece todos los reconocimientos, Cracker es el gran proyecto de un tipo talentoso y con mirada nada complaciente como David Lowery, un compositor que describe la realidad -y la canta con esa voz rasposa- como si fueran fotografías de Robert Frank pasadas por un filtro contemporáneo. Sus letras, acompañadas de esos guitarrazos propios de una gran escuela de rock sureño, son como observar el paisaje norteamericano de las esquinas, las cafeterías y las estaciones de servicios en las que no repara nadie.