De esa escuela inacabable que dejó The Velvet Underground en Nueva York, se siente a una voz muy reconocible, un tipo de espíritu irredento, cuyo universo, como su forma de cantarlo, oscila entre la crudeza, la súplica y la paranoia tanto en solitario como con su banda
Al rock’n’roll lo han matado tantas veces como a la novela. Y nunca termina de morir. Aun así, nadie duda de que esta música de guitarras que revolucionó el siglo XX ha sido relegada de la transcendencia que tuvo antaño, tanto por inspiración, impacto social y negocio. Con todo, siempre es bueno encontrar propuestas poderosas que, por lo general, se mueven más que nunca en los márgenes. De ahí, del canal subterráneo, salió Geese, banda que protagonizó 2025 por publicar uno de los discos...
del año (Getting Killed) y que la confirmó, después de tres álbumes, como una formación de primer nivel en la escena internacional. Personalidad y distinción son conceptos que se guardan a partes iguales en este grupo liderado por Cameron Winter, un veinteañero que parece guardar un genio dentro.
Decir Cameron Winter y Geese es referirse a los nuevos nombres cool de la música indie norteamericana. Esos nombres que, en cuestión de unos meses, pasan de no ser conocidos a convertirse en hype. Y, si algo ha demostrado la música popular desde tiempos inmemoriales, es que ser la banda de moda, representar un cúmulo de alabanzas desmesuradas llenas de adjetivos, puede acabar por ser una verdadera losa para los agraciados. Del hype se suele pasar a la difuminación hasta quedar en tierra de nadie, perdido el interés mediático.






