El componente de Rage Against the Machine, instigador del concierto de Minneapolis anti-ICE donde participó Bruce Springsteen, se ha convertido en el mayor justiciero del rock
En julio de 1993 Tom Morello y sus otros tres compañeros de Rage Against the Machine irrumpieron desnudos en el escenario del festival Lollapalooza. Su primer disco había salido unos meses antes y aquel era quizá su recital más importante. Les dio igual. Colocaron los instrumentos en el suelo para que produjeran un acople chirriante y se plantaron en el centro del escenario. Los c...
uatro taparon su boca con cinta aislante. Cada uno llevaba pintada en su pecho una de las letras de PMRC (Parents Music Resource Center), un comité liderado por mujeres de políticos estadounidenses que defendía censurar letras de canciones porque consideraban que el rock “apoyaba y glorificaba la violencia, el consumo de drogas y el suicidio”. Los músicos permanecieron impasibles y como vinieron al mundo durante 15 minutos. Los espectadores al principio aplaudieron, pero luego les abuchearon, deseosos como estaban por escuchar las explosivas canciones de Rage Against the Machine.
El pasado 30 de enero, Morello organizó un concierto en First Avenue, un local rockero de Minneapolis, para recaudar dinero para las familias de Alex Pretti y Renee Good, muertos a tiros por agentes federales del ICE, el controvertido Servicio de Control de Aduanas e Inmigración impulsado por Donald Trump. Al concierto se sumó Bruce Springsteen, aunque no estaba anunciado. Esta vez todos acudieron vestidos. Springsteen interpretó su reciente himno anti-ICE, Streets of Minneapolis, y luego una banda acompañó a Morello y a The Boss para atacar con furia The Ghost of Tom Joad. Terminaron con un rebosante de emoción Power to the People, de John Lennon, con Morello, Springsteen, Al Di Meola y otros músicos dejándose la garganta. El poder para el pueblo: ese era el mensaje que querían transmitir.










