Sus éxitos y un ambicioso plan federativo multiplican la práctica, la producción de talento y la atención por el deporte de la raqueta, únicamente por detrás del ‘calcio’
Doble recompensa en juego para Carlos Alcaraz este jueves, nada más y nada menos que el desembarco en las semifinales de la Copa de Maestros y el número uno que hoy defiende y confía en lucir el próximo lunes; de hacerlo, significaría que por segunda vez en su carrera cierra el año en lo más alto. “Siempre ilusiona, pero pensar demasiado en ...
ello puede jugarte una mala pasada”, puntualizaba después de lograr su segunda victoria en la fase de grupos, el martes ante Taylor Fritz. Una tercera en el último compromiso (20.30, Movistar+) aseguraría su objetivo, aunque de por medio estará Lorenzo Musetti, quien confía en los suyos: “Espero que el público me ayude a lograr el milagro”.
Bramidos en el Inalpi Arena, vibra Italia con el tenis. Y, a primera hora del día, colapso en la circulación del tranvía 4, en dirección a la estación de Sebastopoli. Largas colas y aficionados copando los vagones. “Juega Jannik”, desliza uno de ellos. Lógicamente se refiere a Sinner, el gran diamante patrio; la culminación ideal de un trabajo de laboratorio que nació hace más de una década y que ha terminado dando en la diana. Hizo cumbre el pelirrojo, ganador de cuatro grandes, y técnicos y responsables federativos alzaron los brazos y lo celebraron: misión cumplida. El de San Cándido —clasificado gracias al triunfo contra Alexander Zverev, por 6-4 y 6-3— era el producto exactamente buscado.










