Entre lo mejor de la ceremonia de apertura del nuevo equipamiento, las referencias a las grandes reinas, a la Alejandría sumergida y a Howard Carter

Por fin se ha inaugurado el GEM, el Grand Egyptian Museum, el Gran Museo Egipcio, la nueva joya de la corona de las atracciones monumentales y turísticas del país del Nilo, saludado como “la cuarta pirámide” y el mayor centro del mundo dedicado a una sola civilización de la antigüedad. La verdad es que,

-egipcio-aplaza-su-inauguracion-de-nuevo-23-anos-despues-de-que-comenzase-su-construccion.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/cultura/2025-07-04/el-faraonico-gran-museo-egipcio-aplaza-su-inauguracion-de-nuevo-23-anos-despues-de-que-comenzase-su-construccion.html" data-link-track-dtm="">tras tanto aplazamiento (la primera piedra se puso hace 23 años), muchos no nos hemos creído que el GEM se inauguraba de verdad hasta ver las imágenes del presidente Abdel Fattah al Sisi saludando a los dignatarios que desencochaban en una larga fila de automóviles de alta gama junto al nuevo museo, entre trompetazos y fanfarrias. Llegados hasta ahí, hubiera sido muy fuerte dar otro plantón.

La ceremonia de apertura, que seguí on line, fue típicamente egipcia, con gran despliegue de medios, sobre todo humanos —que no falte gente: centenares de extras ataviados de antiguos egipcios y con un bastón-lámpara acabado en forma de pirámide que causará furor en Ikea—, y la recargada fastuosidad a que nos tienen acostumbradas las autoridades del país en las grandes ocasiones. Como si volvieran a inaugurar el Canal de Suez o la Nueva Biblioteca de Alejandría, con la que el GEM, en árabe al-Mathaf al Misriyy al-Kabir, que se alza a tiro de piedra (2 kilómetros) de las pirámides de Giza, guarda algunos parecidos.