Con tan solo un colegio español y sin sede saharaui del Instituto Cervantes, la lengua y el patrimonio cultural del antiguo poder colonial sufren un continuo retroceso

“Calle de la Fuente”. “Calle del Aire”. Los nombres en castellano de El Aaiún, fundada hace 90 años por militares españoles en un oasis, se cuentan hoy, medio siglo después de la Marcha Verde, con los dedos de una mano. Al igual que las vías públicas, los edificios oficiales de la Administración marroquí en el Sáhara Occidental solo están rotulados en árabe y francés. Como el Ayuntamiento de la capital saharaui, inspirado en los fuertes del desierto. En la fachada consistorial situada frente a la i...

glesia de San Francisco, cuya cubierta coronada por una cruz evoca un mar de dunas en un desértico horizonte, se acaba de abrir un acceso que altera de raíz su arquitectura colonial.

“La lengua española, que es nuestro patrimonio y forma parte de nuestra identidad, está en franco retroceso”, asegura Brahim Hameyada, de 66 años, profesor y director de la Academia Unamuno, único centro reconocido por el Instituto Cervantes en Dajla, capital del sur del Sáhara. “Lo mismo que el hasanía [variedad árabe de los beduinos magrebíes], el castellano debería estar reconocido en un futuro estatuto de autonomía para el Sáhara Occidental”, defiende Hameyada, quien regresó en 1992 a la antigua Villa Cisneros (denominación colonial) donde nació, después de haber militado en las filas del Frente Polisario en Tinduf (suroeste de Argelia). Hoy imparte clases a medio centenar de alumnos en su academia. “Hacemos lo que podemos para que no se pierda la lengua, pero en Dajla no hay ningún colegio español”.