Si una idea está en tu mente, ya se puede ver desde fuera. Hace falta un artilugio aparatoso, pero eso es solo un problema técnico
No revelo ningún secreto si digo que imaginación viene de imagen y, de hecho, es la “facultad del alma que representa las imágenes de las cosas reales o ideales”, en la bella expresión del libro gordo. ¿Te has fijado en si tu pensamiento discurre en imágenes? El mío suele hacerlo, aunque sé que hay gente que dice pensar mediante el lenguaje. Mi impresión es que
on/2021-09-16/el-origen-del-lenguaje.html" data-link-track-dtm="">el lenguaje viene después, una vez que ya tenemos en la mente el cómic de lo que estamos recordando, o de lo que estamos simulando, o de lo que estamos fabulando. El caso es que nuestro conocimiento del cerebro ya ha avanzado lo bastante para como ver ese cómic desde fuera del cráneo, y como para traducirlo en frases con una precisión chocante. Es un diccionario de la imaginación.
La nueva técnica supone el fin del elefante en la habitación, esa idea que está en la mente de todo el mundo, pero que nadie expresa por miedo a violar algún tabú, irritar al jefe o quedar como un miserable. Porque, si la idea está en tu mente, se puede ver desde fuera. Hace falta un artilugio bastante aparatoso, pero eso es un problema técnico, y ya sabemos la velocidad a la que se pueden resolver los problemas técnicos en nuestros días cuando hay un incentivo de muchos ceros. No hace falta llegar a los 12 ceros del nuevo sueldo de Elon Musk (un billón de dólares). A menudo basta con la mitad de ceros (un millón de dólares) para estimular a un ingeniero con talento. Si la máquina llegara a simplificarse tanto como para caber en unas gafas, nuestro flujo de pensamiento sería un libro abierto para quien las llevara.






