El universo tiene a primera vista pequeños descosidos que la supersimetría remendaría con un hilo invisible

A veces, uno sospecha que no está solo dentro de sí mismo, como si cada gesto que hacemos proyectara una sombra que no se limita a seguirnos, sino que toma decisiones por su cuenta en otro plano de la vida. La física, que con frecuencia tiene intuiciones novelescas, ha llamado a eso supersimetría. Imagina que cada partícula del universo posee una especie de doble oculto. No un reflejo exacto, como el del espejo del baño, sino una versión transformada: donde hay materia, habría una suerte de e...

co perteneciente al mundo de las fuerzas. Donde hay solidez, habría una vibración paralela. Donde hay algo que pesa, habría algo que roza la realidad como una pluma.

Esos dobles no aparecen, no se dejan fotografiar ni medir. Sabemos que están porque las cuentas no nos salen del todo sin ellos. El universo tiene a primera vista pequeños descosidos que la supersimetría remendaría con un hilo invisible. Recuerdo entonces algunas decisiones de mi vida. Las que tomé y las que no. Por cada elección, alguien (ese doble invisible) eligió la contraria. Mientras yo me quedaba, él se marchaba. Mientras yo callaba, él hablaba. No lo envidio, pero lo tengo en cuenta. Quizá gracias a él la suma de lo que soy resulta más equilibrada, aunque nunca llegue a conocerlo.