Los agujeros negros son uno de los grandes enigmas del universo. Ni siquiera las mentes más brillantes de la física moderna han sido capaces de desentrañar lo que sucede exactamente dentro de ellos, allí donde se esconde un punto de densidad infinita conocido como la singularidad. Tampoco se sabe qué ocurre al cruzar su límite, el llamado horizonte de sucesos. Teorías existen varias, certezas, casi ninguna. Conocidos por una fuerza gravitatoria tan intensa que ni siquiera la luz puede escapar, estos fantasmas de lo que alguna vez fueron estrellas gigantes representan mucho más que objetos cósmicos misteriosos: son laboratorios naturales para poner a prueba los límites de la física.
En este contexto, el reconocido físico teórico Cosimo Bambi, investigador de la Universidad Fudan (Shanghái, China), propone una idea, por lo menos, audaz: enviar unas minúsculas naves interestelares al agujero negro más cercano a la Tierra, con la misión de recopilar datos de primera mano y verificar si lo que Albert Einstein predijo en su teoría de la relatividad general hace más de 100 años sigue siendo válido en condiciones extremas. Su propuesta la publicó este jueves la revista iScience, del grupo Cell Press.






