Hay dos formas de pensar en el tiempo en relación con los agujeros negros. Una tiene que ver con el tiempo que viven estos objetos y la otra con cómo es la percepción del tiempo dentro de ellos.

Vamos a la primera de ellas. Cuando pensamos en los agujeros negros nos imaginamos que son eternos. Pero sorprendentemente, no lo son. Según la teoría de relatividad de Einstein, un agujero negro es un objeto que se encuentra en un punto del espacio-tiempo en el que la gravedad es tan intensa que nada puede escapar de ella. Ni siquiera la luz. Todo lo que entra o que se ha originado allí antes de que apareciera el agujero negro, se queda ahí. Estos objetos tienen una región que es como su frontera y se llama horizontes de sucesos. Lo que cruza esa frontera queda atrapado para siempre. Esto es lo que entendemos por agujero negro según la teoría de la relatividad.

Pero si añadimos la mecánica cuántica, las cosas cambian. El astrofísico británico Stephen Hawking propuso que los a agujeros negros pueden emitir una forma muy tenue de radiación, que es conocida, precisamente, como radiación de Hawking. Esto es así porque, según la física cuántica, el espacio vacío realmente no está vacío, continuamente se crean pares de partículas y antipartículas. Normalmente, aunque se crean, se aniquilan entre ellas y no pasa nada. Pero si esto ocurre cerca del horizonte de sucesos, una partícula, puede escapar, salir expulsada del agujero negro, y la otra puede caer al agujero negro. El resultado final es que el agujero negro pierde una cantidad de masa muy pequeña.