El continuo cierre de urgencias obstétricas en los hospitales de Portugal multiplica los nacimientos en ambulancias
Ni Paulo Medina ni Hugo Rodrigues se hicieron bomberos para esto. Lo que desean hacer bomberos como Medina y Rodrigues es apagar fuegos. Lo que también hacen cada vez con más frecuencia es gestionar partos en ambulancias. “La vida no espera”, repite a modo de mantra Pedro Ferreira, el comandante de bomberos de Moita, a unos 40 kilómetros de Lisboa. Los alumbramientos ocurridos en camillas de las ambula...
ncias de la localidad de 70.000 habitantes, en la margen sur del estuario del Tajo, han acabado en fotos luminosas en Facebook, pero el comandante Ferreira se pregunta qué pasará el día que un parto se tuerza y no haya nada que celebrar.
En su despacho del cuartel donde organiza el trabajo de los 61 bomberos voluntarios de Moita, él mismo da la respuesta:
—El día que ocurra algo malo y muera un bebé, se nos echarán encima. Ese día no quiero que mis hombres estén en las televisiones, ese día estaré yo para dar la cara. Nunca un cuerpo de bomberos ha atendido tantos partos en la historia de Portugal. Este año llevamos 15, pero es un récord que no quiero. El sitio para nacer es una maternidad.






