¿Hay algún otro animal, además del murciélago, cuyo nombre contenga las cinco vocales una sola vez?
Al acertijo-chiste de la semana pasada (¿Hay tréboles de cuatro hojas?), contesta Juan Carlos Prieto que, en todo caso, sería un tetrábol (o cuatrébol), y añade Pernan Goñi que si a un trébol le quitamos una hoja se convierte en un bíbol.
Bromas aparte, y como señala Rafael Granero: “Decir que un trébol de dos o cuatro lóbulos no es un trébol sino un bíbol o un cuatrébol supone un error esencialista del lenguaje, al confundir la etimología con el uso. Como mostró Wittgenstein en sus Investigaciones filosóficas, el significado de una palabra no reside en una esencia, sino en una práctica (la pragmática del lenguaje), en su uso dentro del juego de lenguaje. Que el nombre no hace a la cosa, es cosa sabida desde Aristóteles. “Trébol” designa una especie botánica (Trifolium), no un número fijo de hojas. Por ello, incurriríamos en un error categorial (según Gilbert Ryle) al convertir una propiedad accidental en una esencia”. El juego del lenguaje: la sugerente fórmula de Wittgenstein podría servir de título a una subsección de El juego de la ciencia…
Con respecto al mapamundi de Leonardo da Vinci, dice Luis Ortiz: “Me parece muy interesante la representación del mundo de Leonardo. No creo que dividir la Tierra en octantes y aplanarlos fuera una elección arbitraria, no sería propio de él. Supongo que buscó sobre todo una representación con las mínimas deformaciones posibles y de paso, como que no quiere la cosa, de una estética indudable. Entonces, aunque el aplanamiento de un octante de esfera pueda dar lugar a otras figuras, seguramente el triángulo de Reuleaux sea un buen resultado desde el punto de vista de las deformaciones”. Pero ¿puede el aplanamiento de un octante de esfera dar lugar a una figura que no sea un triángulo de Reuleaux?






