Este wéstern marcado por la muerte accidental de la directora de fotografía Halyna Hutchins y protagonizado por Alec Baldwin resulta moroso e inflado

Dos forajidos (Rust) es la historia de un abuelo solitario buscado por la ley y de su nieto mayor, un niño envuelto en un homicidio fortuito. En un giro de guion entre profético y extraño, el tercer personaje de este wéstern de amplios paisajes naturales es un rifle, una herencia familiar que, como cualquier arma, acaba provocando la desgracia. Así sucedió con el revólver maldito del terrible suceso que rodeó la concepción de esta película: el homicidio involuntario de la directora de fotografía Halyna Hutchins cuando

"_self" rel="" title="https://elpais.com/cultura/2024-07-12/la-jueza-anula-el-juicio-contra-alec-baldwin-al-considerar-que-la-fiscalia-oculto-una-evidencia-a-la-defensa.html" data-link-track-dtm="">una de las armas del actor protagonista, Alec Baldwin, resultó no ser de fogueo y estar cargada y acabó con su vida.

Dejando de lado aquello, Rust es un wéstern que se deja ver, pero que resulta moroso e inflado en sus casi dos horas y media de metraje. El corazón de la historia —un viejo asesino redimido a través del hijo mayor de la hija que un día perdió— se resiente de un exceso de contexto geográfico que aporta más bien poco. El ritual del wéstern no necesita de tanto detalle cartográfico, y la película salta de un pueblo a otro exhibiendo un supuesto rigor histórico que acaba por marear.