Los paquidermos de Jaipur, en otro tiempo venerados, son hoy el centro de una próspera pero controvertida industria
El tráfico se detiene cerca del Fuerte Amber, el complejo palaciego de la ciudad que lleva el mismo nombre, a 11 kilómetros de Jaipur (Estado de Rajastán, norte de India), cuando un coro de bocinas anuncia la llegada de una fila de elefantes. Se abren paso entre los tuctucs, cubiertos de bridas y pintura de colores vivos en la trompa y los ojos. A esa hora, el sol cae a plomo y los animales regresan a los santuarios después de una jornada de trabajo. Cada uno lleva sobre el lomo a su mahout, el cuidador que lo acompaña desde su infancia.
Durante siglos, el elefante ha sido un símbolo sagrado en la India, que alberga la mayor población de paquidermos asiáticos del mundo, alrededor de 27.000, repartidos por todo el país. Sus condiciones de vida varían mucho de un Estado a otro. En el sur, en regiones como Kerala, todavía es posible encontrar comunidades salvajes en los bosques, mientras que en zonas más septentrionales, como Rajastán, los elefantes viven solo en cautividad, en santuarios protegidos: unos lugares en los que se da refugio a animales heridos o rescatados de las garras de los cazadores furtivos. Aunque los santuarios se concibieron inicialmente para proteger la especie y promover las tradiciones y la cultura locales, con el tiempo se han convertido en el eje de una próspera pero polémica industria turística. Solo en Fuerte Amber, unos 125 ejemplares transportan cada día a cientos de visitantes hasta la cima del complejo. En todo el país, se calcula que hay entre 2.700 y 3.500 elefantes en cautividad, y más del 75% participa en actividades turísticas.






