Las redes sociales han revelado que los hombres tienen una extraña propensión a pensar en el Imperio romano. ¿Cuál es el tuyo? Varias firmas de EL PAÍS cuentan en esta serie aquello en lo que no pueden dejar de pensar y buscan lo que hay detrás. Esta entrega trata de entender por qué un animal como el tigre genera tanto misterio y atracción.

Lo vi en una de las salas del templo. Había cientos de esculturas, y vi que a Ganesh, el dios elefante, le faltaba un colmillo. Mejor dicho, lo tenía partido. “El Mahabharata, ¿sabes?, el libro sagrado, lo escribió Ganesh al dictado. Pero se le acabó la tinta y tenía tanta prisa que se partió un colmillo y escribió con él. Es el dios de la buena suerte. También es escritor”, resumió el guía. “¿A dónde vais luego? ¿Al parque natural? ¿Habéis visto al tigre?“, dijo: ”Tenéis que verlo”.

Habíamos viajado a la India para asistir a una boda en Bombay. ¿Cuánto hacía de aquello? La ceremonia interminable, los vestidos, las fotos, los bailes y la ciudad llena de coches, bocinas, trenes y luces eran un recuerdo lejano, y solo habían pasado dos semanas.

Habíamos cambiado la selva de la ciudad por otra, la de verdad, en el Estado sureño de Kerala, donde esperábamos ver animales. Teníamos la esperanza de ver monos y pájaros raros, también elefantes —nos dijeron que, tan grandes como son, no habría problema—, pero nos advirtieron de que con el tigre sería difícil.