El videoclip de ‘Berghain’ es el último ejemplo de la fiebre exégeta que se extiende por redes sociales y dedica horas de análisis pormenorizado a obras artísticas que pueden durar tres minutos

Escribió Luis Buñuel en sus notas sobre la realización de

-cajal.html" data-link-track-dtm="">Un perro andaluz que las imágenes de la película no tenían ningún sentido racional: “Son tan misteriosas e inexplicables para el autor como para el espectador. NADA en el film SIMBOLIZA NADA”. Aquel guion lo redactó Buñuel junto a Dalí en 1929 siguiendo el método surrealista de la escritura automática: cada uno de ellos iba lanzando ideas, y si al otro le gustaban las incorporan al libreto sin cuestionar su coherencia o significado. Lo que no ha impedido que esta sea una de las películas de la historia del cine que con más frecuencia se ha sometido a todo tipo de análisis, para disgusto de su propio autor: Buñuel, amante declarado del misterio en el arte y en la vida, se resistía furiosamente a las interpretaciones sobre su obra.

También consideraba que el exceso de información era –junto con la explosión demográfica, la tecnología y la ciencia- uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis que nos conducirían al fin del mundo. Cabe esperar entonces que se pusiera bastante apocalíptico si alguien le hubiera anticipado estos tiempos actuales en los que cualquier producto cultural es desmenuzado como un niño destripa su juguete para extraer de él todos los significados posibles, que luego son difundidos a granel por las redes sociales.