El vídeo de ‘Berghain’, primer adelanto de su próximo disco, dialoga con una ‘performance’ de la creadora andaluza, que desde los noventa desarma los tópicos del folclore español
El vídeo de la nueva canción de Rosalía, Berghain, es un catálogo de parecidos razonables. En su milhojas de referencias visuales y sonoras, destaca una con gran nitidez: la obra artística de
html" data-link-track-dtm="">Pilar Albarracín (Sevilla, 57 años). En este primer adelanto de Lux, el nuevo álbum que la cantante catalana editará el 7 de noviembre, Rosalía avanza sola por la ciudad con una orquesta sinfónica pegada a la espalda. Al llegar a casa plancha un vestido, hace la cama, lava y frota hasta blanquear, pasa por la consulta del médico y se sienta en un autobús abarrotado, mientras la Sinfónica de Londres irrumpe en su intimidad, como si se hubiese colado en su vida para poner banda sonora a algo muy parecido a un desamor.
Las imágenes de Berghain resultan familiares porque remiten a otras más antiguas: las de Viva España (2004), performance de Albarracín en la que, vestida con abrigo amarillo, tacones e idénticas gafas de sol, recorría el centro de Madrid seguida por una banda popular que repetía sin tregua el pasodoble del título. Lo que empezaba como una celebración ambulante pronto derivaba en algo parecido al acoso callejero. En Berghain, el gesto tiene otro significado, pero el parentesco visual es innegable: una escolta sonora que acompaña a una mujer hasta colonizar su esfera privada.






