Los blancos, de nuevo inferiores ante un rival potente, pierden el oxígeno que habían ganado en el clásico de hace diez días
En el pub The Albert, que marca una de las entradas a Anfield, siguieron celebrando más allá de la medianoche local con pintas para todos y música en directo la reconstituyente victoria del Liverpool sobre el Madrid. “Podrían haber sido unos cuantos goles más”, sentenció sonriente su técnico, Arne Slot, tras una jornada que volvió a extender un espeso manto de sospechas ...
en la orilla blanca después de otra pobre actuación ante un rival de su liga. El oxígeno del clásico solo le duró 10 días.
Esa tarde, Xabi Alonso celebró, incluso más que los tres puntos, que el equipo, según expuso, volviera a sentirse competitivo en un día grande después de tantas derrotas hirientes contra sus iguales. Sin embargo, el paso por el norte de Inglaterra dejó en cuarentena el avance de ese triunfo. O, quizá, disparó la duda de si esa victoria supuso un avance real frente a un Barcelona debilitado por las bajas y menos afilado que la temporada pasada.
Los resultados del equipo de Xabi muestran una realidad machacona que crece de manera muy amenazante. Ha mejorado en los duelos de entreguerras, ante oponentes de inferior tamaño (13 triunfos), pero sigue arrastrando un problema corrosivo para competir en los choques de mucho hueso, donde acumula dos correctivos que socavan el crecimiento del nuevo proyecto, contra el Atlético (5-2) y Liverpool (1-0). Desde que firmó el técnico vasco, antes del Mundial de Clubes, suma tres derrotas y las tres han sido en estos escenarios: PSG (4-0), el derbi y este martes. El problema no es nuevo respecto al desenlace con Carlo Ancelotti, aunque la falta de soluciones tras el cambio de banquillo ha disparado la alarma en una escuadra con los estatus tan marcados, como se ha visto en el caso Vinicius.






