El belga, muy inspirado, evita una goleada de su equipo, que sostuvo media hora el pulso de intensidad y terminó desorientado en Anfield pese a la mejoría mostrada tras el derbi

El Liverpool derritió en Anfield las alas con las que había levantado el vuelo el Real Madrid después del sopapo del derbi y devolvió a la tierra al equipo de Xabi Alonso, que anotó su segunda derrota del curso, de nuevo superado por un rival de peso y más revoluciones. Y le pudo dejar aún más cicatrices de no haber contado con Thibaut Courtois, iluminado como en sus noches más sensacionales. El Madrid ha ganado cuerpo, pero aún no parece suficiente para las grandes plazas, y eso que el Liverpool llegaba renqueante después de una buena colección de derrotas y ellos, en lo que parecía el despegue definitivo. Pero aún no le alcanza.

Para visitar Anfield, Xabi rescató la fórmula del clásico, los cuatro con los que sostuvo el medio: Tchouameni, Güler, Bellingham y Camavinga, que volvió a la banda derecha. La prueba salió bien contra el Barcelona y resistía también durante el comienzo al Liverpool. A diferencia de lo que sucedió contra el Atlético en el Metropolitano, el Madrid no flotaba a la deriva, zarandeado por la electricidad del rival. Había aguantado al Barça y no entregaba tampoco el mando a los ingleses.