Un proyecto de 4.500 millones revela momentos críticos del embarazo, e incluso tras el nacimiento, en los que se concentra el riesgo de alteraciones del desarrollo neurológico, como ocurre en el autismo, la esquizofrenia y el déficit de atención

La humanidad observó la Luna con asombro, incluso con terror por su presunto influjo maléfico, durante milenios, hasta que el polaco Johannes Hevelius, hijo de un acaudalado cervecero, construyó un telescopio casero en lo que hoy es Gdansk y se sentó cada noche a escrutar aquel extraño mundo extraterrestre y dibujarlo. En 1647, publicó el primer libro de mapas de la Luna. El neurocientífico Tomasz Nowakowski, de 40 años, creció en la misma ciudad que Hevelius y este miércoles encabeza el primer borrador del mapa del cerebro en su etapa de desarrollo: desde el embrión al adulto. El investigador cuenta que se siente como uno de aquellos pioneros cartógrafos. “La llegada del ser humano a la Luna no habría ocurrido si no hubiéramos tenido un mapa de la superficie lunar. Todos los grandes avances y logros de la historia comenzaron con la elaboración de mapas precisos”, explica a EL PAÍS.

Nowakowski es uno de los protagonistas de la Iniciativa BRAIN para cartografiar el cerebro humano, un proyecto estadounidense lanzado por el presidente Barack Obama en 2013 que ya acumula un descomunal presupuesto de unos 4.500 millones de euros. “El cerebro, que da origen a nuestros pensamientos, ideas e imaginaciones, sigue siendo el objeto más importante todavía sin explorar. Para comprenderlo, debemos empezar por entender su lista de componentes”, señala Nowakowski, de la Universidad de California en San Francisco.