La urbe flamenca exhibe con orgullo su colección de arte público, un censo de 250 esculturas que abarcan más de tres siglos y con las que rinden homenaje a sus héroes locales y a su historia
En la Grote Markt de Amberes, la gran plaza del mercado y el Ayuntamiento de la ciudad belga, se escucha diariamente el mismo relato. Leyenda mediante, los guías turísticos cuentan ante el público que se agrupa frente a la escultura Bravofontein —obra del escultor belga Jef Lambeaux— lo que esta representa: en sus orígenes, la ciudad estuvo custodiada por el gigante Druon Antigoon, quien cortaba la mano a los marineros que se negasen a pagar un impuesto de entrada. Un buen ...
día, un joven soldado romano, llamado Silvius Brabo, se enfrentó al temido villano. Tras derrotarlo, le cortó la mano y la arrojó al río Escalda. Aquella gesta dio nombre a la ciudad: Antwerpen, etimológicamente formado por las palabras hand werpen, que significa ‘arrojar mano’ en neerlandés (idioma oficial de Bélgica, junto al alemán y el francés).
Si de algo quiere, y puede, presumir la urbe más poblada de la región de Flandes (con más de medio millón de habitantes) es de su extensa colección de arte público, con 250 obras escultóricas —censadas por el ayuntamiento— que abarcan más de tres siglos y con las que rinden homenaje a sus héroes locales y su historia. Una forma de descubrir Amberes es siguiendo la pista de algunas de las esculturas más icónicas del distrito centro y visitando el original museo al aire libre de Middelheim.






