El país africano está paralizado por los ataques del terrorismo extremista, que bloquea la entrada de fuel a la capital y quema los camiones con combustible

Escasez de gasolina, que se vende en el mercado negro al doble o triple de su precio; cortes diarios de electricidad; clases suspendidas en colegios y universidades; empresas que han paralizado su actividad o funcionan a medio gas; movilidad restringida. Desde el pasado septiembre, los grupos yihadistas que operan en Malí están sometiendo al país africano ...

a una asfixia económica cada vez más insoportable y han intensificado su actividad terrorista de ataques y secuestros en las regiones próximas a la capital, Bamako, de cuatro millones de habitantes. Ante la creciente inseguridad y la inestabilidad que puede generar en la región, los gobiernos de Estados Unidos, Alemania, Italia y España recomendaron la semana pasada a sus ciudadanos que abandonen el país.

“Todo depende del carburante”, dice Alassane (nombre ficticio por seguridad) por teléfono desde Bamako. “Si cortas el suministro, el país entero lo sufre: las empresas, los transportistas, los mercados, la Administración. Todo está paralizado o casi. Son muchos los que están hartos. Otros, sin embargo, se aferran a la idea de que no puede ser peor, que hemos tocado fondo y que pronto cambiarán las cosas porque los yihadistas actúan a la desesperada”.