La pérdida de poder adquisitivo debido a la inflación y el deseo de romper las normas culturales y sociales hacen que cada vez más mujeres ocupen empleos tradicionalmente masculinos, aunque a menudo en el sector informal, el más vulnerable

Iyabo Ibrahim se ganaba la vida vendiendo fufu, un plato elaborado con yuca, en las calles de Kuntu, en el Estado de Kwara, de Nigeria. Sin embargo, cuando el precio de la yuca empezó a subir en 2020, dejó de ganar lo suficiente para mantener a sus nueve hijos. Tampoco veía como una opción el trabajo doméstico, pues estaba muy mal remunerado. Y tomó una decisión arriesgada: conducir triciclos usados para el transporte de personas o mercancías, un trabajo dominado por los hombres.

A pesar de que estaba embarazada y de que debía enfrentarse a los peligros de aprender a conducir por vías llenas de camiones y al estigma de ser mujer en un sector masculinizado, siguió adelante. Ahora trabaja en turnos diarios, y a veces de noche, para pagar los gastos escolares de sus hijos y el alquiler. “Acababa de dar a luz, pero volví al trabajo antes de que mi bebé cumpliera 41 días”, afirma. “No tenía padre ni familia que me apoyara, así que tenía que encontrar una solución”.