El Ayuntamiento de Valls abonará casi 350.000 euros a un agente que intentó detener a un yihadista en Cambrils y sufre estrés postraumático
Era una noche de verano. La del 18 de agosto de 2017. Javier G., policía local de Valls (Tarragona), estaba de vacaciones. Él y su familia tomaban un helado en la Sirvent, una de las heladerías más populares de Cambrils, ubicada en el paseo marítimo. Poco antes de la una de la madrugada, cuando aún estaban sentados en la terraza, Javier escuchó unas “detonaciones” y vio que decenas de personas venían corriendo por el paseo. Una de ellas, un joven vestido con camiseta naranja y tejano corto, le llamó la atención: llevaba “un chaleco hecho con cinta ame...
ricana y unos botes pegados al cuerpo” y no paraba de gritar “¡Allahu Akbar!”, declarará ante los Mossos. González no sabía que ese joven era Omar Hichamy, uno de los miembros de la célula yihadista de Ripoll (Girona) que horas antes había perpetrado la masacre de La Rambla de Barcelona y acababa de sembrar el pánico en Cambrils.
Javier intuyó lo que estaba pasando. Siguió a Hichamy unos sesenta metros para evitar que girara hacia el centro de la localidad y se perdiera en sus calles. Aunque estaba fuera de servicio, se identificó como policía. Al oírle, el terrorista se quedó momentáneamente congelado en el centro de la avenida mientras seguía invocando a Alá. El agente volvió a gritarle, le ordenó que se tirara al suelo, según la declaración que prestó unas horas después del suceso. Hichamy se giró, le miró desafiante y le dijo “policía, ven”, mientras con una mano tocaba uno de los botes: el supuesto chaleco explosivo que llevaba, se supo después, era falso. Apenas un minuto después llegó a la zona un coche no logotipado de los Mossos. Tras ordenar de nuevo al yihadista que se rindiera, los agentes le dispararon y acabaron con su vida. Antes, un agente de los Mossos había abatido, también en el paseo de Cambrils, a los otros cuatro terroristas que perpetraron el ataque nocturno.






