Un influyente exfiscal de Estados Unidos avanza con la investigación sobre el dinero de empresas y particulares que financió el escape de los criminales de Guerra alemanes

En la contabilidad de 1945 de la revista Time Fritz Mandl, el más importante fabricante de municiones en la Europa de entreguerras, tenía 278 trajes a medida. En el recuerdo de sus hijos el detalle de la indumentaria aparece en otro lugar: los zapatos que Hermès hacía a su medida debían llevar sus iniciales en la suela: FM. También la llevaba la flota de Rolly Royce, todos con la combinación de bordó y negro. Las interpretaciones familiares sobre esa firma se remontan a una pérdida: en 1920, un grupo de bolcheviques incendió la fábrica de municiones de su padre Alexander. De esas llamas Mandl, que había nacido en Viena 20 años atrás, montó un conglomerado de empresas y se convirtió en el hombre más rico de Austria. Quiso reponer el apellido y hacer imborrables sus iniciales.

Mandl era un austrofacista muy próximo al príncipe Ernst Rudiger Starhemberg y Benito Mussolini. Desligaba su ideología de los negocios: en su cartera de clientes figuraban desde republicanos de la guerra civil española al ejército de Hitler y en el futuro sumaría a Bolivia y los United Arab Emirates, entre muchos otros.