Los fondos afectados esperan recuperar parte de los 17.000 millones perdidos tras una sentencia que anula la amortización de deuda convertible, mientras el mercado ya especula con la posible indemnización

Por escala y violencia, solo la caída de Lehman Brothers, un fin de semana de 2008, puede compararse a la quiebra de Credit Suisse 15 años después. El banco suizo, icono de solidez a prueba de guerras, crisis y tribunales extranjeros, implosionó en una semana, y la apresurada resolución de la crisis aún reverbera en los juzgados. El Tribunal Administrativo Federal ha decretado como inconstitucional la orden ministerial que allanó el camino de su compra a precio de saldo por UBS, histórico rival de Credit Suisse cuyas sedes, de hecho, se ubicaban casi puerta con puerta en la plaza Paradenplatz de Zurich. La operación evitó a la Confederación Helvética un rescate probablemente imposible (los activos suponían 4,5 veces el PIB nacional) a costa, eso sí, de miles de inversores.

La decisión judicial, ya recurrida a instancias superiores por las autoridades suizas, deja en el aire la amortización de 17.000 millones de euros en deuda contingente convertible (los denominados cocos en el argot) que se volatilizaron de un día para otro, dejando un agujero en las carteras de miles de inversores. En concreto, la corte administrativa de Saint Gallen ha anulado el cambio legal realizado de urgencia para dar a la Finma, el supervisor de los mercados suizos, la capacidad de decretar (como hizo) esa amortización de deuda.