El Cedro presenta un informe que revela que el 73% de los encuestados opina que las administraciones públicas priorizan los intereses tecnológicos sobre los culturales
Lo que hace la inteligencia artificial parece magia, pero en realidad es el resultado de una recopilación de datos que las empresas tecnológicas han utilizado durante años para alimentar sus sistemas. Los españoles culpan a este modelo de contribuir a la devaluación creativa editorial, al democratizar el uso no autorizado de contenidos protegidos, según el informe del Tercer Observatorio de Sostenibilidad de la Cultu...
ra Escrita. El estudio, presentado este jueves por el Centro Español de Derechos Reprográficos (Cedro) —la principal asociación española que gestiona los derechos de autor del sector editorial—, revela que el 72,7% de los encuestados opina que las administraciones públicas priorizan los intereses tecnológicos sobre los culturales.
“La IA no crea” dice Carme Riera, presidenta de Cedro, “se entrena con textos sin permiso de quienes los escriben o los difunden”. Riera ha asegurado que la situación se ha agravado, no porque la inteligencia artificial sea mala, sino porque “produce contenidos bajo la apariencia de ser originales cuando no lo son”. “Esto atenta a la sostenibilidad”, ha sentenciado. El informe demuestra que el 73% de los usuarios utiliza contenidos preexistentes en sus prompts, lo que implica que gran parte de los materiales empleados para entrenar IA tienen derechos de autor.






