Las lesiones que aparecen en el cuero cabelludo, los genitales o las uñas son complicadas de tratar porque se confunden con otras enfermedades o por el pudor que causan. Pero hay solución: una mejor comunicación entre el paciente y el médico
La psoriasis, tan transparente en sus manifestaciones, tan visible en las descamaciones o placas blanquecinas que brotan en la piel, encuentra zonas del cuerpo en las que esconderse. Una son los genitales, donde se presentan en forma de rojeces brillantes, no resulta tan fácil de detectar, a veces se confunde con hongos. Sucede algo parecido en los llamados pliegues (las axilas, las ingles, el interglúteo, las mamas…), donde aparece algo así como una laguna roja. Las descamaciones del cuero cabelludo pueden inducir a error, se tiende a pensar que es dermatitis seborreica (caspa). Las uñas se ven afectadas, en ellas crece piel, se rompen, duelen, no siempre se asocian a la psoriasis en primera instancia. A todas estas zonas se las conoce como localizaciones especiales o difíciles de tratar. Afectan mucho a la calidad de vida y cuesta más diagnosticarlas, pero tienen tratamiento, empieza por una buena comunicación en la consulta.
La clave para tratarlas, recalca Montse Ginés, vicepresidenta de la asociación Acción Psoriasis, pasa por que exista una buena relación entre el médico y el paciente. A veces unos no preguntan y otros no lo cuentan, como en el caso de la psoriasis genital, el pudor se impone, las dos partes se retraen. “Lo más importante es que los pacientes tengan la tranquilidad de que pueden hablar de esto con el dermatólogo, con confianza”, dice Ginés.






