Los miles de fallecidos en el mundo por las emisiones muestran el impacto en la salud de los pasos atrás que están dando petroleras, bancos y gobiernos como los de Trump, Milei y Orbán
El repliegue de las políticas contra el cambio climático vinculado al avance de los populismos conservadores pone en riesgo la vida de millones de personas en todo el mundo, porque el calentamiento es, principalmente, una amenaza para la salud global. Es lo que resalta el noveno informe Lancet Countdown, que desde hace casi una década analiza la relación entre el calentamiento global y la salud. Para ello, los investigadores emplean una serie de indicadores, como los fallecimientos por calor, las enfermedades tropicales y los efectos de la contaminación. De los 20 que han estudiado en esta ocasión, 13 están en niveles récord.
En la edición de 2025 han participado 128 expertos de 71 entidades académicas y agencias de Naciones Unidas. Este ejercicio de análisis nació en 2016, tras la firma del Acuerdo de París. Y esta es seguramente la vez en la que se mantiene un tono más sombrío, acorde a la situación geopolítica mundial.
“Paradójicamente, a medida que crece la necesidad de medidas decisivas para proteger la salud, algunos líderes mundiales hacen caso omiso del creciente conjunto de pruebas científicas sobre la salud y el cambio climático, frecuentemente favoreciendo intereses económicos y políticos a corto plazo”, advierte el estudio. “La prioridad de la lucha contra el cambio climático en las agendas políticas se está rebajando: las referencias a la salud y al cambio climático en las declaraciones anuales de los gobiernos durante el debate general de la ONU disminuyeron del 62% en 2021 al 30% en 2024″, ponen como ejemplo. “El compromiso está descendiendo en algunos de los mayores emisores de gases de efecto invernadero del mundo”, y, cómo no, se cita directamente al Gobierno de Donald Trump. “La nueva administración estadounidense ha retirado el país del Acuerdo de París, de 2015, ha desmantelado investigaciones punteras de campo junto con organismos fundamentales dedicados a la salud, el clima y medio ambiente”, explican los autores. Pero, a diferencia de lo que ocurrió en el primer mandato de Trump, este negacionismo climático institucionalizado se ha ido extendiendo por el globo. “Algunos países (por ejemplo, Argentina y Hungría) han tomado medidas de obstrucción similares, mientras otros países han abandonado compromisos climáticos fundamentales”, alertan los autores.








