Casi medio centenar de asesinatos asolan Sinaloa en la última semana, principalmente en la capital, escenario principal de una guerra entre facciones criminales que dura ya más de un año
La sangre jalona los días en Sinaloa, descripción útil para casi cualquiera de las últimas 60 semanas, año y apéndice en que el Estado, y particularmente su capital, Culiacán, han vivido en guerra. La batalla entre facciones del Cartel del Pacífico arrecia por oleadas, como la de la última semana, que dejó casi medio centenar de asesinatos, situación difícil de interpretar. A veces, balaceras, ataques y persecuciones se dan en la parte alta de Culiacán, a veces, en las zonas sureñas. Otras ocurren en municipios algo más al sur o al norte, caso de Navolato y otras más, raras, en realidad, en Guasave o Los Mochis, ya camino de Sonora. “Es la limpia de lo que queda”, dice un agente de las corporaciones de seguridad desplegadas en la capital, con años de experiencia en la zona.
Cuando dice lo que queda, el agente se refiere a una de las facciones en pugna, conocida como Los Chapitos, que agrupa a los hijos todavía libres del viejo capo del narcotráfico local, Joaquín El Chapo Guzmán, y sus seguidores, diezmados seriamente en los últimos meses. La semana pasada, el Gabinete de Seguridad federal, que dirige el secretario del ramo, Omar García Harfuch, anunciaba la detención de seis integrantes de esta organización, tras un enfrentamiento en Culiacán, algunos de ellos capturados en meses recientes, pero liberados después. Las autoridades informaron además de la muerte del presunto líder de este grupo, Ezequiel Rubio, alias Morral, que habría caído en el enfrentamiento.






