Las autoridades mexicanas señalan la importancia creciente de Fausto Isidro, antaño un barón mediano del crimen regional, en el tráfico de droga a Estados Unidos: “Exporta más que todos”

La polvareda de la última guerra al interior del Cartel de Sinaloa parece asentarse, dejando ver la forma de lo que queda, las estructuras criminales supervivientes, después de 15 meses de batalla. La lucha entre clanes ha dejado maltrechos a los principales, sobre todo al que comandan los hijos de Joaquín El Chapo Guzmán, viejo capo del narco regional. De los cuatro hijos originales, solo quedan libres dos, que viven a salto de mata, despojados de sus principales ayudantes, asesinados o capturados. Sus enemigos, hijos y seguidores del antiguo socio del padre, Ismael El Mayo Zambada, han salido fortalecidos de la guerra. Pero el gran ganador del caos violento de todo este tiempo no pertenece ni a una facción ni a otra.

Un nuevo Chapo emerge en Sinaloa, menos mediático que el anterior, pero tan capaz como él de exportar droga al norte. Fuentes de seguridad consultadas por EL PAÍS señalan que el principal beneficiario de la guerra es, sin lugar a duda, el grupo que comanda Fausto Isidro Meza Flores, alias El Chapo Isidro. Uno de los grandes enemigos del Gobierno de Estados Unidos, Meza Flores maneja una importante operación de producción y tráfico de drogas sintéticas, fentanilo y metanfetamina, sobre todo, en la zona norte de Sinaloa, en Los Mochis y Guasave, principalmente. “Exporta más droga que todos los demás”, asegura una de las fuentes. “Es el gran ganador de la guerra, está muy fuerte”, añade, afirmación sorprendente, dadas los acontecimientos de diciembre.