Los creadores de este asentamiento californiano se negaban a parcelarlo y llenarlo de carreteras y casitas unifamiliares. 60 años después de su creación visitarlo sigue siendo una experiencia única

Deja atrás San Francisco y conduce hacia el norte por la Pacific Coast Highway. En un par de horas y media, encontrarás a tu izquierda un pequeño edificio forrado con tablones de madera sobre el que se anuncia, pintado en sobria tipografía Helvetica de color blanco, que has llegado a Sea Ranch. Camina hacia el acantilado con cuidado. El viento puede soplar tan fuerte que acabe tirándote al suelo. El riesgo merece la pena, ya que el espectáculo natural es grandioso: las olas del océano Pacíf...

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ico rugen y golpean las rocas, que se entreveran con prados dorados y bosques de secuoyas y cipreses, a menudo envueltos en una niebla tan densa que casi se puede masticar. Y ahí está: parece uno de los muchos graneros que has visto en tu camino hasta aquí, pero este está lleno de quiebros y ventanas. Resulta moderno y tradicional a la vez. Es el Condominium One, la primera construcción de un experimento inmobiliario que en 1965 quiso demostrar al mundo que la arquitectura podía ser una herramienta de transformación cultural.