El Govern impulsa una construcción exprés en Mas d’Enric para dar cabida a 256 reos más en 2028 ante el auge de internos
Cuando en 2017 la Generalitat cerró la cárcel Modelo de Barcelona, el entonces consejero de Justicia, Carles Mundó, afirmaba que no serían necesarias nuevas prisiones en Cataluña. La población reclusa llevaba siete años en una paulatina contracción que se mantendría tres años más, hasta alcanzar un mínimo en 2021 de 7.700.
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data-link-track-dtm="">Apenas había entonces dos proyectos en cartera, ni tan solo en construcción: el centro abierto de la Zona Franca, que abrirá el segundo semestre de 2026, y una prisión para mujeres en la misma área, que si el calendario se cumple, estará lista como muy pronto en 2029. De repente, la semana pasada, el Govern realizó un anuncio que supone un cambio de rumbo en su política penitenciaria. Construirá dos módulos para 256 nuevas plazas en la prisión de Mas d’Enric, en El Catllar (Tarragona).
El anuncio tiene visos de urgencia. Si se cumplen los calendarios, la ampliación de Mas d’Enric estará lista en 2028. La elección del centro de Tarragona se debe a que tiene capacidad en su interior que permite evitar la burocracia y los plazos urbanísticos y se optará por la construcción industrializada porque es más rápida y más barata, cuestión no menor en un horizonte sin presupuestos. Se opta por la velocidad porque ésta también alienta el alza de la población reclusa de Cataluña: no solo crece el número de reos dentro de las cárceles catalanas, sino que desde 2022 lo hace a ritmos superiores al 4%. El año pasado creció un 6,8% y este, con el plan de choque contra la multirreincidencia en marcha, es más que probable que supere ese porcentaje. Septiembre finalizó con 9.098 presos y, con saltos anuales de 500 reclusos, la cifra de los 10.000 de 2012 no queda tan lejos.






