La idea de verdad se ha roto y se confunden hechos y opiniones: el objetivo no es que nos creamos las mentiras, sino que ya no nos creamos nada
La lealtad siempre ha sido considerada una virtud, aunque algunos textos filosóficos añadían que era “muy problemática”. En teoría, es la perseverancia en el respeto a un compromiso adquirido con una persona. Por eso se relaciona con la amistad, aunque también se exige respecto al país, a la empresa, a la familia o a las organizaciones elegidas por el individuo. En periodos de mucha confusión política y social debería ser importante saber a qué se es leal. Preguntarse con qué está uno comprometido. Por...
ejemplo, en el caso de los periodistas, ¿con la verdad?, ¿con los principios profesionales que impulsaron la creación de los grandes medios de comunicación del siglo XX?
Estas líneas están copiadas de un artículo que escribí el 1 de enero de 2009. Explicaba que la filósofa alemana, judía, refugiada en Estados Unidos Hannah Arendt respondió una vez a esa pregunta: yo debo mi lealtad no al país, sino a la república de Estados Unidos, es decir, a la forma de gobierno, a lo que los padres fundadores de la república establecieron como principios democráticos y morales de su organización política. Y “por supuesto, también a las personas entre las cuales hoy, siendo éste un momento decisivo, me siento bien”.






