Los líderes de EE UU y China llegan a su primer cara a cara en Corea del Sur esta semana con una larga lista de agravios que van de la imposición de aranceles a las restricciones de tierras raras

Un proverbio chino recuerda que, cuando se vuelca un nido, todos sus huevos acaban estrellados (覆巢无完卵, fù chào wù wàn luân). Y cuando el orden mundial se ve sacudido por una pelea entre Estados Unidos y China, todas las economías acaban perjudicadas. El próximo jueves, en Gyeongju, la antigua capital medieval de Corea (hoy en Corea del Sur), los presidentes de los dos grandes colosos globales, Donald Trump y Xi Jinping, se verán las caras por primera vez en lo que va de mandato del republicano para tratar de cerrar una serie de acuerdos comerciales, de inversión y sobre tierras raras que eviten en el último momento esa caída del nido, las aplicaciones de unos aranceles y controles de exportación que podrían hacer saltar por los aires la marcha de la economía planetaria.

El optimismo cundió en un septiembre balsámico en Washington sobre la posibilidad de un encuentro cara a cara entre los dos líderes que dejara encaminada una relación comercial que mueve medio billón de euros anuales. Ambos acababan de mantener una conversación telefónica considerada productiva. China se planteaba una inversión gigantesca en EE UU como parte de un acuerdo comercial. Habían, en teoría, alcanzado un pacto para que la popular aplicación de vídeos TikTok, sobre la que pendía una prohibición del Congreso, pueda seguir operando en Estados Unidos. Y Trump coqueteaba con la idea de traer de Corea un acuerdo por el que Pekín compraría cantidades ingentes de soja estadounidense, una tabla de salvación para los granjeros de EE UU perjudicados por los aranceles de Trump y la desaparición de mercados en el exterior. Pero las cosas cambiaron repentinamente.