El lanzamiento del nuevo disco de la artista catalana, ‘Lux’, rompe las lógicas tradicionales de la publicidad y convierte a los fans en parte del proceso de revelación
Llámenlo acto de fe. Quienes peregrinaron la noche del pasado lunes a la madrileña plaza de Callao esperaban un mensaje divino. Y lo encontraron: envuelta en su blanca pulcritud y ascendida por las masas, santa Rosalía, patrona del pop español, alumbró el camino a seguir para cualquiera que quiera liberarse de los dictados terrenales en la industria musical. Bajo un manto mesiánico, desató la mística para hallar la luz promocional y evitar los infiernos del olvido en la era de la sobreinformación. De entre las infinitas plegarias atendidas online, el influencer Alex Sinos daba en el clavo: “Desde hoy, todas las agencias de publicidad intentando vender a los clientes
om/cultura/2025-10-20/rosalia-anuncia-el-titulo-de-su-nuevo-disco-lux-y-el-dia-de-publicacion-7-de-noviembre.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/cultura/2025-10-20/rosalia-anuncia-el-titulo-de-su-nuevo-disco-lux-y-el-dia-de-publicacion-7-de-noviembre.html" data-link-track-dtm="">‘una presentación tipo Rosalía en Callao”. Quizá por eso, para evitar una futura avalancha de superestrellas liándola parda por sorpresa en el centro de Madrid, el Ayuntamiento se precipitó a abrir expediente sancionador a la artista por falta de permisos, con la amenaza de una multa que nadie sabe cifrar exactamente.






