El presidente estadounidense abandona ahora su preocupante equidistancia para presionar a Putin con sanciones económicas
Por primera vez desde que anunció que se proponía terminar con la guerra en Ucrania, ha utilizado los medios que tiene en su mano para forzar a Vladímir Putin a sentarse a negociar un alto el fuego. Quería parar la guerra en 24 horas, pero ha tardado 10 meses en pasar de las buenas palabras, el apaciguamiento e incluso los premios diplomáticos —como la cumbre de Alaska en agosto o la qu...
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e preparaba en Budapest para dentro de pocos días— a la coerción mediante sanciones económicas.
El castigo recae sobre las dos grandes compañías, Lukoil y Rosneft, exportadoras del 40% del crudo ruso, en un gesto que, como señaló el presidente francés, Emmanuel Macron, significa “una resincronización de las agendas europea y estadounidense sobre Ucrania”. Tiene además efectos secundarios en China —que ha suspendido la compra de petróleo ruso por mar— y sitúa a India y Turquía ante el dilema de seguir con el suministro ruso o evitar que sus petroleras pierdan el acceso al mercado estadounidense y a la financiación en dólares.






