Tras la observada cumbre de Alaska entre Donald Trump y Vladímir Putin, la presión vuelve a quedar del lado de Ucrania. El presidente de Estados Unidos acoge el plan de su homólogo ruso —incluida la posible cesión de territorios por parte de Kiev— y descarta un alto el fuego previo a unas conversaciones de paz. Con resultados lo antes posible. Tras un encuentro virtual este fin de semana con sus aliados europeos, el líder del país ocupado, Volodímir Zelenski, viajará el lunes a Washington para una reunión en la Casa Blanca que se promete de alto voltaje, seis meses después de su muy pública humillación a manos de Trump en el Despacho Oval.

Poco a poco se van conociendo más detalles sobre lo que trataron en la ciudad de Anchorage el mandatario norteamericano y el ruso en las conversaciones mantenidas durante dos horas y media en la base aérea de Elmendorf-Richardson. No parecen buenos para Ucrania. “Quiero destacar desde el principio que la visita fue oportuna y muy útil”, dijo Putin tras la cita en Alaska. “Hablamos de casi todas las áreas de influencia mutua”, prosiguió, “pero en primer lugar, por supuesto, hablamos de una posible resolución del conflicto ucranio”.

Trump pasó buena parte de su vuelo de vuelta enzarzado en una larga conversación con Zelenski y, después, con los europeos. Una charla tan extensa que aún continuaba una vez aterrizó en Washington, y que retrasó su desembarco del Air Force One. La conclusión la anunció él mismo en un mensaje en sus redes sociales, enviado tras su regreso a la Casa Blanca y antes de marcharse a jugar al golf, como suele hacer cada fin de semana. Sin grandes ceremonias, Trump retiró lo que hasta ahora había sido una exigencia clave de Ucrania, Europa y Estados Unidos a Putin: una tregua para dar espacio a conversaciones de paz que pudieran poner fin al conflicto.