La política catalana, fallecida este viernes, formó parte desde sus inicios de la aventura de crear el PSC
Anna Balletbó nos ha dejado. De repente. De forma inesperada, del modo expeditivo con que ella se expresaba, nos ha dicho “adiós”. Lo primero que hago, al escribir esta nota de urgencia, es un intento de resumir su personalidad.
Anna ha sido, por encima de cualquier otra cosa, una mujer con curiosidad, coraje y tenacidad. Tenía unas ganas de saber innata que la llevaron, en su vida profesional y política, a tocar todas las teclas. Quería saber de las cosas, no solo tener referencias superficiales. De su experiencia profesional explicaba a menudo que había aprendido que existen hechos, y que para comprenderlos no basta con una sola fuente: hay que contrastar visiones diferentes y alejarse de lo que hoy conocemos como fake news.
Lo quería saber todo y de todo. De jovencita quiso ponerse en contacto con la vida de las colonias textiles en su Bages natal, para conocer de primera mano el ambiente duro y difícil de las naves llenas de telares y ruidosas hilaturas. Quiso aprender inglés cuando eso no estaba de moda, hecho que le abrió muchas puertas. Quiso estudiar periodismo cuando en Barcelona no existía una facultad de periodismo, y se convirtió en una periodista hecha a pulso, capaz de asumir muchas y diversas responsabilidades en la profesión. Fue feminista cuando ser feminista era algo “extraño”. Formó parte, desde sus inicios, de la aventura de crear el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC), en un proceso original y exitoso de agregación de grupos y colectivos socialistas muy diversos.






