Esta patología no afecta solo a la piel, también lo hace al sueño y a la autoestima, lo que puede marcar una etapa vital caracterizada por grandes cambios y retos
En casa de Nicola Ferri los libros que pueblan las estanterías delatan los gustos familiares. El joven, que cumplió 17 años el pasado mes de agosto, es un apasionado del séptimo arte: lee libros sobre cine, acude a todos los estrenos que puede y tiene una gran colección de películas que prefiere comprar en DVD. También adora leer cómics, sobre todo los que le manda su abuela desde Italia. Transita sus días enfrentándose a los mismos problemas que cualquier chaval de su edad, pero lo hace con una larga historia de paciencia a cuestas: fue diagnosticado con celiaquía a los dos años
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-y-deteccion-de-la-enfermedad-en-los-ninos.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/mamas-papas/2021-07-20/que-hago-si-mi-hijo-tiene-dermatitis-atopica-factores-de-origen-y-deteccion-de-la-enfermedad-en-los-ninos.html" data-link-track-dtm=""> y, poco después, apareció la dermatitis.
A partir de entonces comenzaron las constantes visitas al hospital, hasta que finalmente llegó el diagnóstico: dermatitis atópica grave. “Cada brote era una nueva montaña rusa: cremas que no hacían efecto, tratamientos orales que daban un alivio temporal…”, explica Beatriz Ortega, su madre. Entre consultas y revisiones, Nicola ha aprendido a lo largo toda su infancia y parte de la adolescencia a convivir con la que es la enfermedad inflamatoria de la piel más frecuente: afecta a alrededor de uno de cada cinco niños y a entre el 3% y el 7% de los adultos.






