El cine y las series españolas brillan cuando son corales. Y hay estupendos y poco conocidos actores desperdiciados, que brillan en cuanto trabajan, como se confirma en ‘Poquita fe’ y ‘La suerte’

Imagino las compañías de teatro ambulantes como en El viaje a ninguna parte. María Luisa Ponte, cargando aquellas maletas de cartón sin ruedas, le decía a José Sacristán “este teatro nuestro, el de los caminos, está dando las últimas “boqueadas”. Pienso en el documental sobre la última compañía ambulante

/14/cultura/1221343201_850215.html" data-link-track-dtm="">que Ion Arretxe dejó sin rodar. Me pongo a discurrir sobre todas estas cosas que siempre van asociadas al adjetivo “tragicómico”, y en la poca poesía que debía de haber cuando tocaba repartir papeles y a nadie le daban el deseado (como en el colegio, como en las empresas, como en la vida).

El cine español brilla cuando es coral. ¿Tenemos buenas obras con uno o dos protagonistas? Sin duda. Pero, piénsenlo, siempre son un poco menos buenas que las corales o las que, por lo menos, tienen un ramillete de interesantes secundarios. Atraco a las tres; La escopeta nacional; Amanece, que no es poco; Historias de la radio; La gran familia y larguísimo etcétera.