Una sentencia reconoce al matrimonio el derecho a ser indemnizados tras perder en el año 2000 una finca a las afueras de Madrid sobre la que ahora pasa la M-50
Hace 25 años, María Pindado y Argimiro Rubio recibieron la noticia de que el Estado iba a expropiarles la finca de las afueras de Madrid donde pasaban en familia los fines de semana y los veranos. El motivo era, por supuesto, un bien superior. Por allí debía discurrir la más nueva de las autopistas de circunvalación de la capital, la M-50, como había proyectado el Gobierno de José María Aznar. Sucedió tan rápido que un día se encontraron las máquinas derribando la propiedad sin tiempo para retirar las bicicletas de sus hijos. Pasaron los años y el asfalto reemplazó al lugar donde guardaban tantos recuerdos, pero la indemnización prometida nunca llegaba. Se habían quedado sin finca y sin dine...
ro. Hasta que el pasado jueves 2 de octubre, antes del mediodía, sonó el teléfono.
María, que hoy tiene 81 años, estaba pintando unas manualidades en la salita de su piso de Carabanchel cuando entró en su móvil la llamada de su abogado, Ángel Galindo. Al otro lado de la línea sonaba la voz eufórica de Galindo, y de fondo el tráfico de la capital. El abogado iba conduciendo cuando a las 11.42 recibió una notificación del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, comunicándole la sentencia. Aparcó para leerla y se alegró tanto que llamó a sus clientes para darles la buena noticia. Por fin, un cuarto de siglo después de la expropiación, la justicia reconocía el derecho de María y Argimiro a ser indemnizados, pero ella se quedó un poco fría.






