Sin pruebas directas de una muerte violenta, la acumulación de pequeños indicios llevó a los Mossos a persistir en una instrucción judicial que tiene en vilo a la familia Andic
La primera alerta sobre la muerte de un varón de 71 años tras caer por un barranco en Collbató (Barcelona) en un camino que lleva a la montaña de Montserrat adquirió una nueva dimensión al trascender el nombre de la víctima: Isak Andic. Tanto si se trata de un ciudadano anónimo como del fundador de Mango, la policía investiga siempre un hecho de esa naturaleza y lo pone en manos de un juzgado. Pero a ningún investigador se le escapan las derivadas que tiene la muerte inesperada del hombre más rico de Cataluña cuando, la mañana del sábado 14 de diciembre de 2024, caminaba con su hijo mayor, Jonathan, por la montaña, sin más testigos que ellos dos.
La investigación recayó en una pequeña unidad de los Mossos d’Esquadra con sede en Martorell, partido judicial al que pertenece el enclave donde se produjo el suceso. Y ahí ha permanecido, blindada, entre denodados esfuerzos por evitar filtraciones internas y externas, en una causa que todos los actores implicados quieren conocer. Solo un grupo reducido de agentes, con apoyo puntual de los servicios centrales de la policía catalana, conoce el detalle de lo que allí se investiga. La instrucción, muy compleja, alcanza ya los diez meses y no ha podido dar una respuesta clara a la única pregunta posible, mientras crece la inquietud en el seno de los Andic y también del grupo Mango, deseosos de poner fin a este episodio: ¿Cayó Isak Andic de la montaña o le empujó su hijo?
















