El carácter hostil de la operación cuajó en los minoristas una sospecha de acecho depredador

La absorción del Sabadell tenía una intuición estratégica para el BBVA, reforzarse como banco español. Lo es en lo jurídico, pero no en sus tripas. Obtiene el grueso de sus ingresos fuera. Y casi dos tercios de sus beneficios entre México (el 56,5%, en 2024, doblando los obtenidos en España, el 28,4%) y Turquía (5,6%): por eso se alude a su perfil de hecho mexicano...

, más que español/europeo.

El empeño era claro. Su ejecución, atropellada. Ahormada en las métricas de la rentabilidad, obvió la cualidad de institución de su presa. Conquistaba, no seducía. El carácter hostil de la operación cuajó en los minoristas una sospecha de acecho depredador.

Cierto o falso. Pero el opante ignoró la historia, incluida la suya. Por tres veces el Sabadell ha rechazado ser absorbido, y las tres, al cabo, por igual motivo práctico: la insuficiencia de la ecuación de canje, la cicatería. Una, amistosa, casi secreta, enseguida tras la Gran Recesión de 2008. Isidre Fainé (por La Caixa) y Josep Oliu (por el banco) llegaron al diseño detallado de organigrama común. Naufragaron en el precio. Otra, en 2020, cuando CaixaBank se adelantó al Sabadell, que acariciaba quedarse Bankia, y Torres le ofreció a Oliu el rol inverso, de absorbido: fracasó por la ecuación. La tercera, doble: su reedición en abril/mayo de 2024, primero amistosa, rechazada por ser de lo tomas o lo dejas, y pronto revestida como hostil: lo que no funciona si no se mejora mucho la oferta, con primas del 30% al 40%.