Pocas veces se ha visto en el sector financiero europeo una tenacidad como la que ha mostrado el BBVA en su propósito de comprar el Banco Sabadell. Ni la enérgica defensa de la entidad catalana, ni las trabas del Gobierno de España, ni las presiones del mercado han logrado intimidar al banco que preside Carlos Torres. Tras 16 meses de batalla encarnizada, la operación, una de las más turbulentas de la historia empresarial española, llega a su recta final. La decisión la tomarán los 200.000 accionistas del Sabadell quienes, durante un mes, tendrán que decidir si quieren unir su destino al de la entidad vasca, o bien seguir su camino en solitario.
La opa lanzada por el BBVA el año pasado supone el segundo intento de la entidad que preside Carlos Torres en adquirir a su rival. Ya en 2020 lo intentó, en un momento marcado por la unión de Bankia y CaixaBank y la pandemia del Covid-19, que había dañado las cuentas de los bancos. Pero entonces no llegaron a un acuerdo sobre el precio y el BBVA renunció a la adquisición. En lo que BBVA denomina “racional estratégico”, el banco cita entre los beneficios de la integración el mayor tamaño para aumentar la inversión y acelerar la transformación tecnológica, la mejora en la posición de mercado, los ahorros y economías de escala, así como la complementariedad de sus negocios. Los expertos consideran que el BBVA ganaría peso en España y lograría reducir su exposición a los mercados emergentes (más de la mitad de su negocio procede de México y Turquía).








