Iniciado ya el calendario de la OPA sobre el Sabadell, el BBVA ha redoblado su presencia mediática para lograr su triunfo. Lo hace sobre todo a través de comparecencias siamesas de su presidente,

o-que-la-primera.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/economia/2025-09-10/torres-bbva-no-va-a-producirse-una-segunda-opa-en-el-caso-de-que-si-sera-al-mismo-precio-que-la-primera.html" data-link-track-dtm="">Carlos Torres, basándose en un relato épico del futuro, a la vez fuerte y vulnerable. La idea fuerza es la apelación a una entidad más poderosa, competitiva, rentable y capaz de intensificar su financiación a la clientela, algo que sería inalcanzable para un Sabadell “en solitario”. Ese argumentario de un brillante porvenir está a la espera de que la entidad opada actualice el suyo, más focalizado al presente.

Pero el envite exhibe dos grandes incógnitas que no se dilucidarán hasta casi el final de esta fase, el día 7 de octubre, fecha hasta la cual todas las aceptaciones del canje por parte de los accionistas del banco catalán son revocables. Esas dos cuestiones son si el opante mejorará o no su oferta y si rebajará o no el umbral de aceptación, oficialmente fijado en el 50% del capital. Ambas van ligadas: si se mejora la oferta, es más probable que accionistas renuentes se apunten, con lo que el listón del 50% sería más fácil de alcanzar. Y a la inversa, si se congela en sus parámetros iniciales de mayo de 2024, sería más difícil.