La recta final de la oferta de adquisición pública (opa) del BBVA sobre el Sabadell se parece a los últimos metros de una carrera de fondo (para quien la está corriendo): la meta no termina de llegar. La posibilidad con la que más jugaba el mercado en las últimas semanas, la renuncia de la entidad opante, ya ha quedado despejada, después de que este lunes el banco de origen vasco haya anunciado su intención de llegar al final. Ahora no le queda otra: sin nuevos condicionantes en la operación (como la venta de TSB), la oferta es irrevocable y serán los inversores quienes decidan el vencedor en la primera opa hostil en banca en varias décadas.
El calendario que queda por delante sigue expuesto a posibles giros de guion, que en este caso casi todos dependen de Carlos Torres. Tras casi año y medio de esperar acontecimientos y decisiones de todo tipo de organismos y autoridades y de ver cómo el Banco Sabadell se sacaba de la chistera la venta por 3.100 millones de su filial británica y una lluvia de dividendos a quien le prometa fidelidad, la narrativa pasa al lado del BBVA.
La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) lleva desde principios de verano esperando que el BBVA actualice las condiciones de su opa para poder autorizar el folleto definitivo. En aquel momento, se aguardaba al veredicto del Consejo de Ministros sobre la operación. Sin embargo, pocos días antes de que terminase la primavera, el Sabadell sorprendió cuando se supo que negociaba la venta de TSB, la firma británica en su poder. En apenas dos semanas, la venta se sustanció a manos de uno de los grandes rivales españoles del BBVA, el Banco Santander. Nada menos que 3.100 millones que pasaban a engrosar las arcas de la entidad catalana y, de un plumazo, esa misma cantidad se restaba al valor que el BBVA le había otorgado al Sabadell en su opa original.







