La suspensión de USAID y la falta de presupuesto de otras organizaciones ponen en riesgo los avances del país de África occidental que lideraba la reducción de nuevos casos y muertes
Mariam, una mujer senegalesa que vive con VIH desde 2007, baja la cabeza y llora. En los últimos meses, han muerto tres de las pacientes a las que ella, como mediadora de la ONG Aboya, hacía seguimiento para supervisar que tomaran sus medicamentos. Cuenta que, debido a los recortes de ayuda internacional, ha habido dificultades para que las pacientes accedan de forma continua, asesorada y discreta a sus tratamientos. “A las personas con discapacidad, incluso, solíamos pagarles el transporte para que fueran a sus citas. Ya no podemos”, lamenta la mujer, que es voluntaria en la única ONG en el país que atiende, con enfoque de género, a mujeres que viven con VIH y sufren discriminación. Mariam aún teme sufrirlal. Por eso, pide a este diario que no se use su nombre real y que se la retrate de espaldas.
“Yo tampoco tengo acceso al [dinero para] transporte ahora. Pero no puedo rendirme, así que yo misma me encargo [con mis recursos] y voy a visitarlas a sus casas para que continúen su tratamiento. Hoy soy fuerte gracias a que yo también tuve una mentora”, sostiene, con determinación, en una entrevista desde una localidad secreta en un suburbio al norte de Dakar. Así opera Aboya desde 2001, que beneficia a cerca de 500 mujeres y sus niños en tres regiones de Senegal, para garantizarles el anonimato. Debido al cese de financiación de donantes como EE UU, el 15% de las actividades de Aboya se suspendieron. Ndeye Astou Diop, presidenta de la organización, explica a este diario que, por el cese de USAID, sus mediadoras que trabajaban en los centros de atención ya no lo hacen.






