El colapso de USAID, la agencia de cooperación estadounidense y el mayor donante del mundo, junto con la retirada de fondos de otros países europeos, han colocado a África ante un espejo que refleja el grado de dependencia de la ayuda exterior, sobre todo en salud. Ahora, los recortes abren una nueva era, en la que los Gobiernos africanos se ven obligados a redefinir sus prioridades, según reconoce el doctor congoleño Jean Kaseya, director del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de la Unión Africana.

Para Kaseya (Kinshasa, 54 años), como para numerosos expertos y líderes africanos, esta crisis es a la vez una oportunidad para desmarcarse de agendas exteriores. Es optimista, pero a la vez es consciente de que las consecuencias a corto plazo están ya siendo catastróficas. “El recorte repentino es una mala decisión de los países occidentales porque los países no están preparados para la transición”, estima en los márgenes de la conferencia anual de la Fundación Mo Ibrahim, celebrada el pasado fin de semana en Marrakech. Y advierte de que la falta de recursos sanitarios aumenta el riesgo de una nueva pandemia, esta vez procedente de África.

Pregunta. Occidente ha cerrado el grifo de la ayuda al desarrollo. Hay cálculos que hablan de la pérdida millones de vidas, pero en África se vive también como una oportunidad para independizarse de la agenda exterior. ¿Es realista?