Líderes políticos, expertos y activistas reunidos en Berlín reclaman un nuevo modelo de salud mundial que sea menos dependiente de la ayuda internacional
El mundo necesita con urgencia transformar la arquitectura de salud global tras la decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de cerrar USAID (la agencia de cooperación del país) y de abandonar la Organización Mundial de la Salud (OMS), y los recortes a la Ayuda Oficial al Desarrollo decretados por algunos países europeos. Esta es la principal conclusión de los líderes políticos, sanitarios y activistas que participan desde el domingo en Berlín el World Health Summit (Cumbre Mundial de la Salud) con el objetivo de impulsar la reforma de un sistema sanitario al borde del colapso y que, según consideran, no puede seguir dependiendo de la volatilidad de los donantes.
“Unos 4.500 millones de personas no tienen accesos a los servicios sanitarios que necesitan, porque no disponen de vacunas, diagnósticos o tratamientos o simplemente porque no hay suficientes camas de hospital ni trabajadores sanitarios”, resume la ministra alemana de Cooperación Económica y Desarrollo, Bärbel Kofler, que ofrece a continuación una de las cifras que le resulta “más devastadora”. “Cada año, 4,5 millones de mujeres y bebés mueren durante el embarazo o el parto por problemas que en su mayoría pueden ser evitados”, lamenta la política alemana, cuyo gobierno ha anunciado, durante la celebración de la cumbre, una aportación de 1.000 millones de euros al Fondo Mundial de Lucha Contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria.






